Primero hubo incomodidad; luego más distensión, pero no con todos. La visita del gobernador, Juan Manzur, a dos municipios cuyos intendentes responden al vicegobernador, Osvaldo Jaldo, fue meramente institucional, pero en política no todo es casual. La pandemia de la Covid-19 volvió a unir a lo que se presenta como el agua y el aceite dentro del Partido Justicialista (PJ), a manzuristas con jaldistas. El viernes, cerca del mediodía, desde la Casa de Gobierno hablaron telefónicamente con el intendente de Banda del Río Salí, Darío Monteros y, luego, con el de Alderetes, Aldo Salomón para consultarles si podían acompañar al gobernador a la recorrida por los nodos de vacunación contra la Covid-19 en esas jurisdicciones. Las respuestas fueron inmediatas y afirmativas. Por la tarde de ese día se coordinó el lugar del encuentro institucional.

La visita de Manzur al Este provincial fue tomado como una señal de acercamiento entre los espacios en pugna dentro del oficialismo. Manzur accedió a hacerlo; los jefes municipales a recibirlo con las puertas abiertas, con Jaldo siguiendo atentamente los movimientos desde Trancas. Hay cierta predisposición en él a un eventual encuentro con su compañero de fórmula antes de los actos por el nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia.

La charla entre Manzur y Monteros distendió los caldeados ánimos previos, en una semana complicada, tras la decisión judicial de citar a seis concejales bandeños a que declaren en Tribunales por la flexibilización de actividades comerciales en esa jurisdicción, algo que también se observó en otros distritos. El gobernador venía hablando con el radical Mariano Campero y con el capitalino Germán Alfaro, pero no con los dos jaldistas.

“Estos son los gestos que debe dar la política, mi gobernador. Esto es lo que espera la gente, que sus dirigentes trabajemos juntos en estos momentos difíciles para todos, porque la vacuna da esperanza de vida”, le dijo el intendente bandeño al mandatario en un momento de la recorrida. “Coincido con vos Darío; este es el camino que quiero, el de la construcción, y que podamos estar juntos”, contestó Manzur, un lector permanente de gestos políticos. Tal vez ayer no pudo percibir que, en la atmósfera bandeña, hubo miradas cruzadas, de esas que cortan: la de los ediles citados por la Justicia y de varios funcionarios municipales, con algunos de los acompañantes del jefe del PE, que no son parte del gabinete. Ellos mantienen la sospecha de que la denuncia fue, en cierta medida, motorizada por algunos asesores manzuristas.

Monteros recogió el guante que arrojó Manzur y le sugirió que, en esa búsqueda de la construcción y de la unidad, debería inscribir al vicegobernador. “Juan: eso es lo que tenés que hacer con Osvaldo”, le transmitió. El gobernador, fiel a su estilo, lanzó una lacónica frase: “eso lo vamos a ver”.

Las conversaciones del binomio gobernante seguirán estancadas. El bloque Lealtad Peronista está por enviar nuevas cartas al presidente de la Legislatura para que, de una vez por todas, diga si está dispuesto a habilitar la contratación de personal político para la bancada. Jaldo tiene la respuesta.

Para el titular de la Cámara, la que viene puede ser una semana corta. Hay un nuevo viaje a Buenos Aires en agenda, aunque espera el llamado para confirmar reuniones. Según trascendió, la convocatoria está relacionada a un posible pedido de tregua en la disputa con la Casa de Gobierno. No se identifica quiénes están del otro lado de la línea telefónica, pero son los mismos que hablan con el mandatario. La obligada y forzada paz peronista tucumana puede ser alcanzada antes del 9 de julio. Luego, Manzur y Jaldo deberán trabajar electoralmente juntos porque hay un compromiso con la Nación de garantizar un holgado triunfo en las elecciones legislativas. Eso no se negocia.